AQUEL VERANO DE SANGRE
1ª PARTE
Javier Hidalgo
Era una tarde realmente calurosa, de esas que te hacen sentir la sensación de que te derritieras sin contemplaciones. El sol en su esplendor hacía que cualquier cosa que tocases te abrasase la piel. En el momento justo en que me incorporaba para mirar al frente y otear el inmenso campo de trigo que todavía quedaba por segar, el capataz alzando la voz como si quisiera que el mismísimo diablo le escuchase dio la orden de que por hoy ya habíamos terminado la faena.
Algunos nos montamos en el carro del capataz, otros, los que no entraban, se disponían a hacer como cada día el camino de vuelta al pueblo, alrededor de seis kilómetros mas o menos. La vuelta a casa a pesar del cansancio era momento de alegría ya que la tierra trabajada, gracias a la república, nos pertenecía en parte, no toda, es verdad, pero si una buena parte.
Cuando llegamos al pueblo, todavía a cierta distancia, notamos que algo estaba pasando, ya que podíamos oír gritos y barullos que no eran normales. De pronto, un disparo,otro, y otro mas. Nos miramos intranquilos, como presagiando una catástrofe, una desgracia. De repente, de una gran piedra que había al borde del camino, salió Rafael, el hijo de tomas, un compañero que venía andando. “donde está mi padre” preguntó. Le dijimos que venía andando y que todavía le quedaba un buen trecho. “que pasa Rafaelillo” le preguntamos. Este me miró y me dijo que bajara un momento. Así lo hice. Me llevó cogido del brazo hasta detrás de la piedra donde estaba escondido y me dijo que no volviera al pueblo, que me estaban esperado. “pero que pasa muchacho” le contesté. “te están esperando” Quien me está esperando” “el señor marques y la guardia civil, ¡te van a matar!” “me quieres decir que pasa” “a mi padre también lo están esperando para fusilarlo” estuve a punto de coger al muchacho del cuello para obligarlo a decirme de una vez que demonios pasaba, cuando se le quebró la voz y mas nervioso de lo que ya estaba me dijo “los militares se han levantado contra el gobierno en algún lugar, no se cual, y están fusilando a todos los que apoyen a la república, y si encima pertenecen a algún partido político ya ni preguntan” en ese momento se me nubló la vista, sentí un estremecimiento que me recorrió de la cabeza a los pies.
Tenía que actuar con rapidez y mantener la cabeza fría, cosa francamente complicada en aquella situación.
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