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VIAJE A GRANADA


Manuela G. Jara


Llegué a Granada sabiendo que allí nunca me sentiré sola, aunque la compañía física esté ausente de cuerpos y presencias.

En Granada siempre hay almas que me arropan al llegar… desde hace tanto tiempo.

Regreso a mi casa, lo sé, fue mía hace años, siglos… lo sintió mi piel la primera vez que mis pies se posaron en esta tierra.

Hay muchos lugares donde alojarse, pero mis pasos me llevaron ligeros con la alegría de saber el camino a casa, camino a mi Albaicín.

Mis paseos por aquella ciudad amada me impregnan de vida, de perfumes propios y ajenos, mis oídos se llenan con la mezcla de idiomas conocidos en aquel pasado que no puedo ocultar a mi alma.

Despertar, y tener la visión de la Alhambra allí en lo alto es un bendito privilegio.

Dormiré con el recuerdo vivido de esa majestuosidad iluminada.

En el Albaicín me siento plena.

No quiero irme sin tener la certeza de que voy a volver, dicen que si dejas algo en algún lugar que visites volverás algún día a recuperarlo, y no lo pensé, cogí el pañuelo de seda que llevaba atado a mi bolso y lo tiré a mi Darro...

Darro que no necesita agua abundante, porque le sobra magia, y prometí volver.

Volveré a mi Granada …

¡Espérame!


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