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María Gracia Calvo




Hubo un tiempo en que fui mariposa, una frágil y pequeña mariposa ... Con mis alas dañadas por la maldad, por el dolor, la humillación, llegué a estar en el aire el tiempo necesario hasta desfallecer del todo y caer No sé cuánto tiempo fue, quizás aún estoy en el suelo. Tampoco sé del dolor que me atormento, ya que se volvió en parte de mi vida, no tenía armadura, tan solo mi piel formando una coraza que hizo mi frágil y debilitado cuerpo para guardar cada una de mis golpes. Necesitaría mucha más piel para el alcance de mis heridas y depositarlas por separado, puesto que mi cuerpo no tiene más sitio donde hospedar tanto daño. Quizás así se podrían ver todas y cada una de las cicatrices Incluidas las de mi alma y mi corazón. He intentado protegeros siempre Pero no sé qué recordáis y si lo recordáis, para mí fue tremendamente doloroso pero aun siendo así, quise perdonar. Y perdonarme a mi misma no podía detener ese sentimiento de dolor. Sé que no era culpa vuestra, pero tampoco lo fue mía. Quizás mi pecado y por eso tenía que expiar esa culpa, amaros con todo mi corazón y con toda mi alma y a la vez no entender ese sentimiento de dolor que me atormenta por dentro Crecía día a día dentro de mis entrañas y sé que nunca fue culpa vuestra, pero tampoco lo fue mía. Éramos víctimas de aquel macabro día donde me rompieron mis alas de mariposa y no pude volar más, caí al suelo. Quizás aún estoy en el suelo, con el alma rota y vencida. Con todas mis cicatrices preñadas, más desapacibles, más inmunes. Con alas de frágil y sensible mariposa. ¡”Con el alma rota y vencida”!

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